#earlybird

Comenzó causando sensación por su colección de filtros, marcos y viñeteados hasta aburrir de saturaciones y colores falsos hasta al más propenso a usarlos. Ahora lo que se lleva es no filtrar y dejarlo claro con el omnipresente hashtag #nofilters. Eso sí, ya no las filtramos pero aplaudimos con júbilo la última actualización de Instagram que nos trae (por fin) una nueva colección de filtros que no vamos a usar porque ya no mola. Yo nunca fui muy dada a utilizarlos, salvo en las primeras fotos de novata que siempre solía sucumbir a los encantos de #earlybird.

Una vez superado el filtro-furor, te das cuenta de lo que de verdad mola de Instagram. Una vez más, el clic. O el tap. O el doble tap. Ver el corazón emerger cuando le das like a la foto #instasweet, al gatito de turno, al look de la top blogger, al mejor #sunset del día o al salón más cool de toda la “instagramesfera”. Son pequeñas píldoras de placer inmediato.

instasweet
Momentos dulces. Fotografía de Inés García (inesga en Instagram)

Como además de recibir también nos gusta dar, lo suyo en Instagram es publicar. Participar, compartir, aportar tu visión, tu foto digna de ser subida. Es dar que en el fondo es más bien recibir. Cada coranzoncito recibido es una muestra de aprobación ajena. Y eso nos gusta a todos.

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Playa de San Lorenzo de Gijón. Fotografía de Inés García (inesga en Instagram)

 

Ahora bien, como en todo, existen perfiles sobrevalorados y perlas desconocidas que de vez en cuando reconforta descubrir. Si hay algo que no cambia con Internet es el concepto de crearse un nombre. En Instagram pasa lo mismo. Como tengas un nombre, subas lo que subas, tendrás infinidad de corazoncitos y cientos de comentarios recordándote lo bueno que eres.  Aunque lo que subas sean capturas de pantalla, imágenes bajadas de google o la enésima publicación de la última lámina de Mr. Wonderful. Los likes son gratis sí, pero no los regales…

Los perfiles que me gustan de Instagram son aquellos que muestran instantes en tiempo real, en realidad esa es su filosofía, y aunque no es obligatorio que haya calidad técnica y compositiva, para mí mucho mejor si es así. Tres de mis instagrammers favoritos son: Facehunter, Cintascotch y Takinyerphoto.

El suizo Yvan Rodic (facehunter) es uno de los fotógrafos de street style más reconocidos del mundo. Se define en su web como un “cultural explorer and blog-trotter”, es decir, una especie de transmisor cultural con un ojo más que bien dotado para obsequiarnos con lo mejor de la moda y de todos los lugares que su trabajo le permite visitar. Más de 200.000 seguidores en le avalan en Instagram.

El encanto de lo sencillo parece ser el leitmotiv de Javier Pérez (cintascotch), creador gráfico y audiovisual ecuatoriano. Sus imágenes combinan de forma mágica dibujos en papel con objetos reales que los completan. Lápices, pastillas de chicle, extremidades… Un trabajo enormemente creativo y eficaz que ha sido reconocido por diversas publicaciones y que le ha proporcionado más oportunides laborales. Una forma de expresión muy minimalista que a mí me recuerda ligeramente al trabajo del fotógrafo Chema Madoz.

Me encantan las grandes ciudades y me parecen tremendamente fotogénicas, aunque eso no quiere decir que todo el mundo tenga la habilidad necesaria para exprimir sus posibilidades. Quien lo hace muy bien es Anthony Danielle (takinyerphoto), que día a día retrata Nueva York con su smartphone para compartir con todo aquel que quiera su forma de mirar y vivir la ciudad. Es uno de mis streetphotographers de cabecera.

Y como se trata de aportar aquí va mi última actualización de #streephotography. No es Nueva York, sino Gijón, pero todas las ciudades tienen su encanto.

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Iglesia de San Lorenzo en Gijón. Fotografía de Inés García (inesga en Instagram)